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““La comunicación integral habría evitado un fiasco como el de Llofriu”” publicación en el apartado de Noticias de Mensurtech SL

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“La comunicación integral habría evitado un fiasco como el de Llofriu”

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El único semáforo en el núcleo de Llofriu

“Sin plan integral de comunicación, no hay proyecto”, afirma Alberto Boned, director financiero de Mensurtech. “Nosotros no instalamos ninguna solución con dispositivos que puedan sancionar a la gente sin que haya un plan de comunicación que cubra cada una de las etapas del proceso. Va en el precio.”

A diferencia de otros operadores, para Mensurtech cualquier solución tecnológica forma parte de las políticas públicas del municipio. Esta perspectiva abarca desde los sistemas que mejoran la calidad de vida de los vecinos hasta las soluciones que incluyen dispositivos de control capaces de proponer sanciones a los ciudadanos. Cualquier acción política necesita procedimientos comunicativos desde el primer momento para lograr una aceptación consuetudinaria.

El éxito de las políticas públicas depende de la comunicación eficaz de cada una de sus fases. En Mensurtech se elaboran exhaustivos planes de comunicación que abarcan las cuatro fases de cada proyecto: diseño, aceptación, instalación y explotación.

El personal muy especializado y experimentado del área de Comunicación de Gbinet Servicios Plenos, partner de Mensurtech, utiliza técnicas convencionales y no convencionales para informar a los ciudadanos; e implementa los planes al ritmo de desarrollo del proyecto municipal. En ocasiones, su labor se reduce al asesoramiento de los responsables de comunicación municipal y al seguimiento de las acciones. Hasta que no se han logrado los objetivos comunicativos fijados para cada etapa, el proyecto comunicativo no avanza.

El pecado de multar a los vecinos

La falta de un plan de comunicación eficiente parece ser la causa del fiasco de un dispositivo de sanción en semáforo rojo en el núcleo de Llofriu, en Palafrugell (Girona). El alcalde de la población, Juli Fernández, anunció ayer que se anularán las 6.808 sanciones impuestas desde agosto, devolviendo el dinero y los puntos retirados del carné de conducir a los multados, y deteniendo la operativa del dispositivo sancionador hasta que sea revisado.

En la carretera que cruza el núcleo de Llofriu operaba un semáforo que se activaba cuando se detectaba un vehículo a más de 50 km/h. En agosto, este semáforo incorporaba un dispositivo de respeto de la señal (disco rojo) por visión artificial, capaz de detectar y proponer la sanción de los automóviles que pasaban sin respetar la orden de detención.

El objetivo del ayuntamiento era reducir la velocidad de los automóviles que circulan por la travesía para permitir la incorporación a la misma sin riesgos desde las calles aledañas. Según fuentes municipales, esta era una vieja reivindicación vecinal.

Sin embargo, en el medio año de funcionamiento han sido los vecinos —que deberían conocer el funcionamiento del dispositivo y casi nunca resultan afectados por un dispositivo semafórico o radar— quienes se han visto perjudicados por la acción sancionadora del semáforo. La importancia y volumen de las sanciones elevó las quejas del vecindario.

Al anunciar la anulación de sanciones, el alcalde ha justificado de forma insólita los motivos por los que se devolverá el importe de las multas y la paralización del dispositivo. Según adujo, durante todo este tiempo el sistema ha estado operativo sin la homologación obligada por parte del Instituto Nacional de Metrología. Además, indicó que muchas de las sanciones se registraban con el vehículo sin sobrepasar la línea de detención y con disco ámbar; aunque los protocolos obligatorios del sector imponen que la propuesta de sanción que emite el sistema sea convenientemente evaluada y confirmada por un agente de la autoridad.

Parece evidente que las excusas sólo enmascaran una visión más amplia del problema ciudadano y la carencia de un plan de comunicación integral, vinculado a cada etapa del proceso y desarrollado a medida, contando con todos. Esta oferta comunicativa es indisoluble de cualquier proyecto que desarrolla Mensurtech, porque multar a los vecinos es casi un pecado.